14.1.16

EXPERIENCIA JUDÍA Y ARTE MODERNO

Columna Arte e Identidad, por PASSEPARTOUT
Verção portuguesa

Samuel Bak, Fuente de energía, 1989

La noción de modernidad en el arte judío está ligada a una profunda transformación en las comunidades judías europeas conocida como Haskalá, el Iluminismo judío. En hebreo, el terminó haskalá significa "educación". La Haskalá fue un movimiento socio-cultural que se desarrolló en dichas comunidades a fines del siglo XVIII y durante todo el siglo XIX. La Haskalá promovió los valores emanados del Siglo de las Luces, procurando integrar a los judíos en las sociedades modernas. Incentivó asimismo una educación basada en el hebreo y la historia judía, pero alentó también los diferentes conocimientos seculares, incluyendo ello el estudio de otros idiomas. En este sentido, la Haskalá se distanció de la tradicional escuela de estudios religiosos mosaicos (yeshivá) y promovió la integración del pueblo judío dentro de contextos seculares, dando así lugar al primer movimiento político judío y a una verdadera emancipación en la esfera socio-cultural.

Moritz Daniel Oppenheim
Retrato de Charlotte de Rothschild, 1836

Caídos los muros de los guetos tras la Revolución Francesa, la cuestión identitaria pasó a ser un tema de amplio debate dentro de las comunidades judías. Como registro de la experiencia humana, las artes visuales proporcionan un valioso testimonio acerca del dilema del pasado frente a las ventajas que ofrecía la integración en contraste con los riesgos propios de la asimilación que involucraba el gradual deterioro o incluso la pérdida de las tradiciones ancestrales. Significativamente, lejos de ser ningún tópico fosilizado, tal dilema continúa aún hoy siendo vigente y encuentra también su correspondiente reflejo en las artes plásticas.

Estampa con Las etapas de la vida de un judío, Alemania, 1905-1910. La cromolitografía en cuestión pertenece tanto al arte asquenazí como al folklore visual del pueblo judío pero sin ser un objeto ritual del judaísmo. Nótese que la "lectura" de esta imagen —que incorpora una inscripción con cuatro palabras alemanas— solo tiene sentido si se hace de derecha a izquierda, tal como sucede con los textos que presentan caracteres hebreos. La inscripción alemana Von Stufe zu Stufe significa "De una etapa a otra".

Antes de la Emancipación de 1806, que tuvo lugar en Europa a partir de las conquistas napoleónicas y la implementación de los Derechos del Hombre heredados de la Revolución Francesa, difícilmente existieron artistas judíos seculares en el Viejo Continente. Entre las rarísimas excepciones, destacado fue Solomon Adler, quien consiguió trabajar con éxito como retratista en Milán durante el siglo XVII.

Adler, Autorretrato, c. 1680

Fue a partir del siglo XIX que un cauteloso pero paulatino avance del arte judío tuvo lugar en Europa. Los artistas hebreos se dedicaron a la pintura y escultura, expresándose en los diversos leguajes estilísticos del arte europeo. Ellos participaron y brindaron su propia contribución en corrientes artísticas tales como el Academicismo, el Romanticismo, el Realismo, el Impresionismo y prácticamente todas las tendencias del arte de vanguardia.

Experiencia judía y arte moderno

Uno los primeros artistas judíos de renombre fue Moritz Daniel Oppenheim, quien desarrolló temas tradicionales y escenas costumbristas en obras tales como Shabat, Pésaj, Sucot, Purim y Shavuot. Sus litografías fueron incluidas en Escenas de la vida de una familia judía tradicional, un exitoso volumen de 1866 y, consecuentemente, varias veces republicado. También costumbrista es el estilo de El regreso del voluntario judío de las Guerras de Liberación a su familia que aún vive según la tradición ancestral (1833-34), obra donde Oppenheim retrata el reencuentro del presente con el pasado. Es particularmente en dicho cuadro que el artista deja constancia de la nueva condición judía y las dificultades que ella involucra. Buscando integrarse dentro de la mayoritaria sociedad no judía, el protagonista judío de su obra intentó trascender los muros del viejo gueto y se enroló como voluntario en el ejército alemán: el uniforme que lleva puesto deja además constancia de su reciente participación en las Guerras de Liberación. Mientras que la hogareña escena de Oppenheim incluye numerosos artículos judaicos, el voluntario hebreo por su parte ha sido distinguido dado su valor en la batalla y porta por consiguiente la Cruz de Hierro, que es observada por su padre no sin cierta aprehensión. Indudablemente estos son los tiempos modernos y es precisamente aquí cuando la tradición se topa con la modernidad.

Oppenheim, El regreso del voluntario judío, 1833-34

En otra pintura costumbrista cuyo título es Una controversia cualquiera a partir del Talmud (1860-70), Carl Schleicher captura los gestos y actitudes de varios rabinos y judíos ortodoxos en pleno debate. El artista adereza con picardía las expresiones de convicción o rechazo, asombro o duda propias de los participantes del debate. Con todo, al retratarlos, Schleicher parece burlarse de ellos y casi llega a ridiculizarlos. El tema es en este caso tradicional, pero el motor que inspira la obra es osado y moderno, en tanto que relativiza y pone en cuestión el posible valor del debate talmúdico.

Schleicher, Una controversia cualquiera a partir del Talmud, 1860-70

Oriundo de Polonia, Maurycy Gottlieb fue aclamado por su cuadro Judíos orando en la sinagoga en Yom Kipur de 1878 (Museo de Arte, Tel Aviv). Pero no menos representativo de los cuestionamientos propios de ese pintor judío decimonónico es su Cristo predicando en la sinagoga de Cafarnaúm, trabajo comenzado también en 1878 y acabado un año más tarde (Museo Nacional de Polonia, Varsovia). Curiosamente, en 1876, Gottlieb se autorretrató no como Mordejai, sino como Asuero, el pagano monarca persa que esposó a Esther, la hermosa joven hebrea, a quien hizo su reina. En 1879, poco antes de morir, Gottlieb pintó dos retratos femeninos. Retrato de una mujer judía muestra una figura tradicional, algo distante y cuya mirada es esquiva, en tanto que su Retrato de mujer japonesa introduce una protagonista no solo más próxima al espectador, sino además con una mirada fija sobre los ojos de quien la contempla.

Gottlieb, Retrato de mujer japonesa, 1879

En Holanda, Jozef Israëls representó un lector judío al que se conoce como El rabino, pero ello de ningún modo le impidió al artista pintar también El pescador, La costurera y El zapatero. Relativamente tardía en la carrera de Israëls es su pintura Una boda judía (1903), obra que de hecho fue precedida por Niños en el mar (1872), Comida de familia de campesinos (1882) y Transporte de arena (1887), trabajos inspirados todos en cuestiones sociales, pero que no presentan ninguna especificidad judía.

Israëls, Niños en el mar, 1872

Destacado entre los impresionistas y divisionistas fue Camille Pisarro, cuyos iluminados paisajes en nada recuerdan ámbitos ligados a las tradiciones judías. Con todo, la apariencia y expresividad que caracterizan los Autorretratos de Pissarro sugieren un ser sensible y consciente de su propia condición judía. En esas pinturas, la triste mirada de Pissarro parece reflejar el injusto proceso al capitán Alfred Dreyfus y el resurgimiento del antisemitismo por toda Europa.

Pissarro, Autorretrato, 1900

Si bien un número considerable de artistas judíos emergió durante la segunda mitad del siglo XIX, la mayor actividad artística judía tuvo lugar inmediatamente después del fin de la Primera Guerra Mundial. Fue en ese entonces que los artistas judíos se incorporaron a los movimientos de vanguardia europeos e hicieron allí su aporte. Probablemente el renacimiento artístico hebreo tuvo su origen en el Quinto Congreso Sionista de 1901, donde fue incluida una exposición de arte con obras de artistas judíos, notablemente Ephraim Moses Lilien y Hermann Struck. Dicha exposición ayudó a legitimar el arte visual como expresión de la cultura judía. Destacada fue además la extraordinaria labor del pintor judeo-húngaro Isidor Kaufmann, quien realizó retratos de rabinos y judíos europeos, expresando en 1917: "Llegué a ser el pintor del judaísmo. Siempre busqué glorificarlo y exaltarlo. Me esmeré en revelar su belleza y nobleza, [haciéndolas a través e mi obra] también accesibles a los gentiles".

Isidor Kaufmann, Retrato de un joven, c. 1900

Aunque estilísticamente Kaufmann no fue un innovador, su mérito reside en haber retratado a la sociedad judía de su época con admirable realismo. Pero Kaufmann fue un caso singular y su clientela fue principalmente la burguesía judía de Europa, cuyas preferencias artísticas a menudo eran de corte conservador. La necesidad de abrirse camino en las sociedades cristianas condujo a no pocos artistas judíos a dejar de lado las tradiciones hebreas, en tanto que ellos aspiraban proyectar su arte hacia una dimensión universal. Ejemplo acabado de ello bien puede ser el arte de Amedeo Modigliani, cuya sensibilidad estética y originalidad plástica constituyen uno de los principales pilares del arte de vanguardia europeo. Sin embargo, ello parece no haber sido suficiente. Así, durante la apertura del curso Mavoh l'Omanut haYehudit (Introducción al Arte Judío), impartido en la Universidad Hebrea de Jerusalén en 1997, la profesora a cargo del mismo formuló una pregunta categóricamente insólita: "¿qué tiene de judío el arte de Modigliani?"

Modigliani, Retrato de Léopold Zborowski, 1919

De los escritos de Ziva Amishai-Maisels se desprende que la definición del arte judío en tiempos modernos es compleja. El arte judío moderno ya no está dedicado a glorificar al Creador sino que responde a una necesidad de autoexpresión por parte del artista. Según Maisels, "el arte judío tradicional consistía en objetos hechos para ser empleados durante el rito judío, pero actualmente el arte judío raramente se encuentra ligado a la comunidad judía. Al contrario, los artistas judíos están completamente integrados dentro del arte internacional secular e incluso contribuyen considerablemente en los movimientos de vanguardia artística. Existen artistas judíos que tienden a asimilarse e incluso aquellos que cuando se expresan como judíos, lo hacen de modos no tradicionales. Entre muchos de dichos artistas, la interacción entre los aspectos judíos y seculares de su arte es problemática. Ello ha llevado a investigadores y académicos a debatir si todos los judíos que son artistas producen arte judío o si éste se da sólo en aquellos artistas que expresan su identidad judía" (Modern Jewish Art, 2008).

Para Cecil Roth, el "arte judío" es un asunto que se remonta a los tiempos bíblicos. En cada etapa de su historia, nota, el pueblo judío se expresó a través de diversas formas de arte: cada una de ellas reflejando modos o estilos que pertenecen a los diferentes contextos en los que los judíos vivieron. Según Roth, los artistas judíos siempre se adaptan al medio que los rodea (The Jewish Attitude to Art, 1969).

Es menester indicar aquí que existe una importante diferencia entre el punto de vista de Maisels y aquél de Roth. En efecto, donde Maisels percibe asimilación, Roth detecta integración.

El debate sobre un posible arte "judío" moderno es retomado por Adrian Darmon, quien en su obra Alrededor del arte judío explica que: "Hablar de alguna especie de arte nacional no puede sino ser un asunto polémico, se trate ya de judíos o de quienes no lo sean. [...] Mientras que jamás ha habido controversia ninguna acerca del arte judío ritual, la polémica sobre la existencia de un verdadero arte judío [moderno] continuará" (2003), dado que la naturaleza del asunto es ya de por sí cuestionable.

Pissarro, Valhermeil, Auvers-sur-Oise, 1874

Debido a ello, la expresión "arte judío" tiende a volverse irrelevante en lo que respecta al arte moderno. Dentro de la polémica evocada por Darmon, decisiva es una noción introducida por Avram Kampf en 1984. A diferencia de otros historiadores, teóricos y críticos contemporáneos, Kampf sutilmente reemplaza la expresión "arte judío moderno" por "la experiencia judía en el arte moderno".

Modigliani, Cabeza de mujer, 1911-12

De los escritos de Avram Kampf emana que en el siglo XX, los judíos tuvieron que vérselas con migraciones masivas, adaptación, la Shoá y una vuelta a las raíces. ¿Cómo dejaron su marca tales experiencias en el arte moderno? Es una pregunta que parece haber quedado en suspenso, pero también una que encuentra numerosas respuestas en los escritos de Kampf. Este historiador y crítico del arte considera artistas activos en el movimiento moderno y aquellos cuya obra responde a la experiencia mundial en términos generales, pero refleja también temas y preocupaciones judías que han marcado la turbulenta realidad colectiva del siglo XX. Muchos de esos artistas, más allá de haber nacido en Europa o América, en Inglaterra o Israel, fueron inmigrantes o hijos de aquellos que emigraron desde el este al oeste. Ellos, o sus padres, lucharon para adaptarse y sobrevivir en ámbitos extraños y paisajes nuevos, en tanto que procuraban preservar su identidad cultural. Algunos fueron prisioneros en campos de concentración o sobrevivieron escondiéndose, otros habrían de construir y defender un hogar en la antigua tierra. Muchos de ellos provenían de familias profundamente arraigadas en la fe judía y la cultura hebrea. Como individuos, los artistas judíos que vivían en grandes ciudades participaron en los movimientos vanguardistas europeos. En la mayoría de los casos, el trabajo y la vida de dichos artistas no existieron en dos esferas culturales diferentes sino en una que incorporaba elementos de ambas. Sea cual fuere su situación individual o historia personal, pocos pudieron ignorar los decisivos eventos que sacudieron las fundaciones mismas de la existencia judía en el siglo XX. Como artistas, ellos reaccionaron ante un mundo donde los valores que daban sentido a la vida humana, tanto individual como comunitaria, fueron estirados a más no poder y puestos a prueba, para dar entonces lugar a resultados inesperados. Kampf estudió los casos de Mordejai Ardon, David Bomberg, Marc Chagall, R. B. Kitaj, Jack Levine, Amedeo Modigliani, Mark Rothko, Chaïm Soutine, y Max Weber, artistas cuya obra, como conjunto, constituye "una expresión del pueblo judío, la catástrofe que se avecina, la Shoá, Israel y las tradiciones religiosas, filosóficas y humanistas que se nutren de las fuentes hebreas". Indudablemente, Chagall es el artista judío de mayor reconocimiento a nivel internacional, habiendo producido una obra rica en referencias hebraicas pero también trabajos donde la imagen de Jesús acompaña el Éxodo y las sucesivas migraciones del pueblo de Israel. Kampf explora dichos artistas y su obra plástica como parte de una investigación cultural sobre la naturaleza y el significado de la contribución judía al arte moderno. El concepto de experiencia judía formulado por Kampf pone en evidencia la irrelevancia e incluso la esterilidad del debate acerca de la existencia o no de un posible "arte judío" en tiempos modernos, así como de la determinación de su supuesta naturaleza y eventuales alcances. Según Kampf, el arte de verdad transciende toda posible categorización, porque "la obra de arte no se ajusta a ninguna de las categorías conceptuales que el pensamiento racional construye", sino que contrariamente, "las hace explotar a todas" (The Jewish Experience in the Art of the Twentieth Century, 1984).



Coluna Arte e Identidade 1. Arte e Raízes
Boletim ASA 158, Janeiro/Fevereiro de 2016
Ano 28, Arte e Identidade 28 de Dezembro de 2015

PASSEPARTOUT. Artista plástico, arquitecto e historiador del Arte. Investigador sudamericano especializado en comunicación visual. Conferencista independente com 12 premios internacionales en Arte y Educación.


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28.12.15

ARTE Y RAÍCES

Columna Arte e Identidad, por PASSEPARTOUT
Verção portuguesa


Biblia hebrea miniada, Sefarad, 1476

Arte judío tradicional es toda creación que responde a los propósitos rituales del pueblo hebreo. Tradicionalmente, el término "arte judío" posee particular resonancia en lo que respecta a obras realizadas por o para el pueblo hebreo desde la Antigüedad hasta los Tiempos Modernos.

En la Biblia, es a partir de la entrega de la Torá (Ley Mosaica) y la creación del Tabernáculo al pie del Monte Sinaí que la tradición hebrea insistirá sobre la prohibición de hacer ídolos y máscaras, conforme al Segundo Mandamiento (Éxodo 20:4). Significativamente, el arte hebreo tiene sus orígenes en la mismísima voz del Creador, quien con suma precisión indicó las especificidades del Tabernáculo, sus sagrados implementos y demás utensilios (Éxodo 25-31).

Realizada por Bezalel, el primer artista hebreo de la historia, el Arca Sagrada que contenía las Tablas de la Ley era custodiada por dos querubines de oro, en tanto que motivos figurativos tales como flores de almendro (prajim) y manzanas (tapujim) formaban parte de la estructura misma de la Menorá, el candelabro hebreo de siete brazos.

Es error pensar que el judaísmo prohíbe el arte. La tradición hebraica recurre al embellecimiento y ornamentación de objetos de uso ritual desde hace por lo menos treinta siglos. Y ella emplea tanto el arte geométrico como el figurativo. Símbolos, motivos florales, seres reales y hasta fantásticos figuran todos ellos en el arte judío tradicional.

Pero el Todopoderoso no es representado. Sin considerar al Tetragrámaton (cuatro letras hebreas que designan al Creador), la única representación conocida en el arte judío es el motivo de la Mano de Dios, visible en las pinturas murales tardo-romanas de la Sinagoga de Dura Europos (Siria, 244 EC) y en el primer panel del mosaico hebreo-bizantino de Beit Alfa (Galilea, siglo VI EC).

Con todo, el judaísmo cuenta con una considerable serie de objetos de arte tradicional, destinados a funciones rituales y que se destacan además por sus cualidades estéticas. Conocido como Judaica, el conjunto de dichos objetos es concebido para servir al Creador, lo que motiva y justifica su embellecimiento.

Entendida por Leopold Zunz como "patria portátil" (siglo XIX), la Torá o Biblia hebraica involucra varias alusiones a la idea de realeza y éstas son expresadas a través de una rica ornamentación. La funda protectora de la Torá, su pectoral (maguén), puntero (yad), mangos terminales (rimonim), y corona (kéter), todos ellos son habitualmente decorados en estudiados términos estéticos. Algo semejante ocurre con los textos manuscritos de la Torá, las filacterias (tefilín) y la mezuzá, donde siete de los veintidós caracteres hebreos son tradicionalmente coronados con un tipo de embellecimiento ornamental florido y tripartito al que se conoce como taguin.


Ornamentos de la Torá y taguin

En Jerusalén, el Museo de Israel posee la más completa colección de Judaica del planeta. En ella se destacan la granada de marfil que adornaba el cetro del sumo sacerdote de primer Templo de Jerusalén, siglo VIII AEC; una menorá incisa sobre yeso jerosolimitano y que data del siglo I AEC; bases de vidrio y lámina de oro con motivos hebraicos que fueron halladas en catacumbas judeo-romanas del siglo IV EC; relieves en basalto de la Sinagoga de Jozarín, siglos IV-VI EC; manuscritos hebreos iluminados medievales y renacentistas, tales como Hagadá de los Pajaritos y el Pentateuco de Ratisbona (ambos Alemania, 1300), la Hagadá Sassoon (España, 1320), o bien la Miscelánea Rothschild (Ferrara, 1475); un plato de pésaj judeoespañol de 1480; la colección de lámparas de jánuca, creadas entre los siglos XIV y XIX; el interior de madera de una Sinagoga de Cochin (India), incluyendo su hejal y bimá, ambos hechos en 1550; porta-especies (besamim) metálicos checos en forma de atalaya, ejecutados en el siglo XVI para el servicio de havdalá (fin del shabat); el Libro de Moisés, manuscrito hebreo ilustrado por Nehemiah ben Amshal (Persia, 1686); la Torá y el interior barroco de la Sinagoga de Vittorio Veneto, creados en Italia en 1703; el cielorraso de la Sinagoga de Horb, Alemania, con ornamentos figurativos pintados por Eliezer Sussman sobre madera en 1735; un contrato matrimonial judío (ketubá) desarrollado en Sa’ana, Yemen, en 1793; cajas cilíndricas de madera (tiqim) con ornamentos metálicos para preservar los rollos de la Torá en las comunidades sefardíes de Magreb, Medio Oriente, Persia e India, siglo XIX; y el Sillón del profeta Elías, diseñado por Ze’ev Raban en Jerusalén, 1916-25. Todos ellos se ajustan a la nuestra definición de arte judío tradicional.


Colección de Judaica del Museo de Israel, Jerusalén

Notables colecciones de Judaica se preservan también la Biblioteca Británica en Londres, el Museo Judío de Praga, el Museo de Arte e Historia del Judaísmo en París, el Museo Sefardí de Toledo y el Museo Judío en Nueva York.

Con la modernidad de los siglos XIX y XX, el término "arte judío" es motivo de importantes debates y hasta la validez misma del término es cuestionada. Eventualmente tal expresión llega a ser reemplazada por la noción de "experiencia judía" en el arte moderno (Avram Kampf, 1984).

Sin embargo, la continuidad y el vigor del arte judío tradicional es un hecho innegable—antes, durante y después de la Shoáh. Es más, desde la creación del Estado de Hebreo en 1948, el arte judío tradicional ha experimentado un importante renacimiento, tanto en la "Tierra de Leche y Miel" como en algunos otros puntos del planeta.

Recientemente, ejemplos de arte judío tradicional y su renacimiento fueron considerados y debatidos en Río de Janeiro, especialmente a lo largo del ciclo de tres conferencias titulado "Acervo e Memória", que tuvo lugar en la Asociación Scholem Aleichem, así como en otros encuentros desarrollados en el Centro de Estudos Bíblicos da ARI, la Escola de História da UniRio, el Instituto Cervantes y el Departamento de Teología de la PUC, durante la Conmemoración del 50° aniversario de la Declaración Nostra Aetate.



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18.11.15

Alegorías de la Fe


SynClesia

Imagen visual realizada e inicialmente presentada en el Centro de Estudios Bíblicos de Río de Janeiro en octubre de 2014; retomada y reconsiderada en la Pontificia Universidad Católica de Río de Janeiro en noviembre de 2015.



SynClesia es un collage digital formado a partir de la yuxtaposición de dos pétreas medias cabezas, cada una portando su respectiva venda. La mitad izquierda tiene su referente en de la alegoría teológica católica denominada Synagoga (catedral de Metz; baja edad media); la mitad derecha proviene de España defensora de la fe católica (Madrid, período franquista). Ambos fragmentos aluden a la FE como noción y lo hacen aquí a partir de un único atributo común y que tiende a formar un verdadero puente entre ambas: la venda, que en este caso funciona como atributo de doble-filo. Imagen que provoca no pocas reflexiones, SynClesia es una yuxtaposición de diferencias teológicas, pero también un puente de afinidades espirituales.

Sólo se ve bien con el corazón. Lo esencial es invisible.
–Antoine de Saint-Exupéry



Referentes visuales

Synagoga

España defensora de la fe católica

Naturaleza interrogante



Como imagen visual, SynClesia nació para estimular la reflexión. Existe además una versión de dicho trabajo en lengua inglesa.



Programa Estímulo Vesalius
Vesalio en su salsa: la constancia en el propósito
La luz de Vesalius
Educación: llegar al hueso del asunto
Acervo sefardí
Arte y Diálogo Interreligioso
Acerca del autor, CV y Referentes



Programa Estímulo Vesalius: Anatomía del Arte
La obra de arte como estructura expresiva interdisciplinaria
Río de Janeiro, Capital Cultural del Brasil, 2014/2015



Copacabana


____________








Synagoga

Investigandum
Venda y Ojos Cubiertos
Blindfold: Its Symbolism
El Prado Desaforado

29.9.15

Arte y Diálogo Interreligioso




Declaración Nostra Aetate, promulgada por el Concilo Vaticano II en octubre de 1965:

Como es tan grande el patrimonio espiritual común a cristianos y judíos, este Sagrado Concilio quiere fomentar y recomendar el mutuo conocimiento y aprecio entre ellos, que se consigue sobre todo por medio de los estudios bíblicos y teológicos y con el diálogo fraterno.

Aunque las autoridades de los judíos con sus seguidores reclamaron la muerte de Cristo, sin embargo, lo que en su Pasión se hizo, no puede ser imputado ni indistintamente a todos los judíos que entonces vivían, ni a los judíos de hoy. Y, si bien la Iglesia es el nuevo Pueblo de Dios, no se ha de señalar a los judíos como reprobados de Dios ni malditos, como si esto se dedujera de las Sagradas Escrituras. Por consiguiente, procuren todos no enseñar nada que no esté conforme con la verdad evangélica y con el espíritu de Cristo, ni en la catequesis ni en la predicación de la Palabra de Dios.

Además, la Iglesia, que reprueba cualquier persecución contra los hombres, consciente del patrimonio común con los judíos, e impulsada no por razones políticas, sino por la religiosa caridad evangélica, deplora los odios, persecuciones y manifestaciones de antisemitismo de cualquier tiempo y persona contra los judíos.

Por los demás, Cristo, como siempre lo ha profesado y profesa la Iglesia, abrazó voluntariamente y movido por inmensa caridad, su pasión y muerte, por los pecados de todos los hombres, para que todos consigan la salvación. Es, pues, deber de la Iglesia en su predicación el anunciar la cruz de Cristo como signo del amor universal de Dios y como fuente de toda gracia (Archivo Vaticano).



Synagoga y Ecclesia en Nuestro Tiempo

Desde Filadelfia, la Universidad Católica de Saint Joseph encomendó formalmente al escultor californiano Joshua Koffman realizar una escultura para conmemorar el cincuentenario de la Declaración Nostra Aetate, "una obra que refleje las enseñanzas de la Iglesia católica en la actualidad".[1] Para dicha escultura, a ser llevada a cabo en bronce, Koffman completó un modelo preliminar en arcilla en abril de 2015.


El trabajo de Koffman consiste en un par de personificaciones alegorícas de la Fe que dan respuesta a los tradicionales motivos iconográficos de Ecclesia et Synagoga (Iglesia y Sinagoga), desde el medioevo en adelante representando respectivamente la Fe católica y la Fe hebraica.[1]



Con todo, Koffman, a diferencia de sus predecesores medievales, barrocos y decimonónicos, reinterpreta el tema de un modo innovador y original: su par alegórico no presenta a Ecclesia et Synagoga como rivales religiosas, sino como compañeras en su estudio del Texto Sagrado. Synagoga porta en su regazo los rollos de la Torá, que se encuentran abiertos, listos para ser leídos. Ecclesia porta en sus brazos un libro abierto y que representa el Evangelio. Dichas alegorías de la Fe son jóvenes y ambas están coronadas. Durante el desarrollo gradual de la estructura y diferentes detalles de su escultura, Koffman ha conseguido sugerir un interés recíproco entre ambas protagonistas. Ello es expresado de un modo gestual y a su vez significativo: la mirada de Ecclesia se dirige al texto de la Torá, mientras que la mirada de Synagoga se dirige al texto del Evangelio.[2]



La escultura de Koffman se titula Synagoga y Ecclesia en Nuestro Tiempo,[3] siendo el componente temporal una clara alusión al título latino de la declaración pronunciada por el Segundo Concilio Vaticano en 1965.[1] «Aquella declaración de 1965 repudió siglos de argumentos cristianos de que los judíos en su ceguera eran enemigos de Dios cuya vida espiritual era [además] obsoleta. El documento [católico de 1965] llamó en vez a la amistad y el diálogo entre católicos y judíos».[4]

Considerando esto último, las figuras alegóricas a ser emplazadas en la Universidad de Saint Joseph en Filadelfia son representadas con el propósito de expresar que "ambas [...] viven en alianza con Dios, lado a lado, aprendiendo cada una de ellas de los textos sagrados la otra, así como también de la distintiva experiencia de cada una de ellas respecto al Santísimo".[5]



Según Philip A. Cunningham, la nueva escultura empleará las alegorías de Synagoga y Ecclesia representándolas con "nobleza y gracia",[1] para ilustrar y perpetuar las palabras del Papa Francisco:[1]

El diálogo y la amistad con el pueblo judío son parte de la vida de los discípulos de Jesús. Existe entre nosotros una rica complementareidad que nos permite leer los textos de las Escrituras hebreas juntos y ayudarnos los unos a los otros al extraer las riquezas de la palabra de Dios.[6]

La escultura de Koffman comunicará aquello que el Papa Francisco denomina el "viaje de amistad" que judíos y católicos vienen experimentando desde hace cinco décadas, expresó Adam Gregerman en abril de 2015.[1]



El 27 de septiembre de 2015, casi al culminar su visita en los Estados Unidos y previo a la misa que celebraría horas más tarde ante una multitud, el Papa Francisco se presentó en la jesuita Universidad de San José en Filadelfia, donde oró y bendijo la imagen que conmemora y honra las premisas de la Declaración Nostra Aetate: Synagoga y Ecclesia en Nuestro Tiempo.[7]

El momento contemplativo y gesto del pontífice ante la estatua conmemorativa del diálogo católico-judío son calificados por la prensa en términos de "visita histórica" ante una obra que presenta dos figuras femeninas, provistas cada una de ellas con sus textos sagrados, y dialogando constructivamente.[8]

El gesto papal es consonante con la declaración emitida por el pontífice ante los 300 representantes de la Conferencia Internacional de Cristianos y Judíos desarrollada en Roma en julio de 2015: «un definitivo 'sí' a las raíces judías del cristianismo y un irrevocable 'no' al antisemitismo. Los cristianos, todos los cristianos, tenemos raíces judías».[9]



La escultura de Koffman se refiere al diálogo interreligioso y, aunque los medios de comunicación en español se hayan referido a ella como "La sinagoga y la iglesia en nuestro tiempo",[10] su título original, en inglés, recurre a los términos latinos Synagoga y Ecclesia, dado que la obra responde concretamente al par de motivos antagónicos medievales, cuya denominación técnica es en latín. La obra contemporánea fue realizada para acabar con la noción medieval conocida como el "triunfo del cristianismo sobre el judaísmo". La escultura de Koffman lleva en su pedestal una cita del Papa Francisco: "Existe un rico complemento entre la Iglesia y el pueblo judío que nos permite ayudarnos a minar las riquezas de la palabra de Dios".[11]



Notas
1. SJU Announces Details of Sculpture to Mark 50 Years of New Catholic-Jewish Relationship, Saint Joseph's University, Filadelfia, 14 de abril de 2015 (consultado 7 de julio de 2015; en adelante, "SJU").
2. Sculpting a New Tradition, abril de 2015 (consultado 7 de julio de 2015).
3. Título en inglés original: Synagoga and Ecclesia in Our Time (SJU).
4. Texto original inglés: «That 1965 statement repudiated centuries of Christian claims that Jews were blind enemies of God whose spiritual life was obsolete. The document called instead for friendship and dialogue between Catholics and Jews» (SJU).
5. Traducción de texto original en inglés: «It [the sculpture] presents Synagogue and Church as both proud crowned women, living in covenant with God side by side, and learning from one another’s sacred texts and about their distinctive experiences of the Holy One» (SJU). El presidente de la mencionada universidad, C. Kevin Gillespie, explica que "En 1965, Nostra Aetate rechazó tales imágenes al declarar que los judíos son amados por un Dios siempre justo, cuyas promesas son irrevocables. [...] La estatua Synagoga y Ecclesia en Nuestro Tiempo retratará a judíos y cristianos usando las figuras medievales [pero] de una manera muy diferente, para expresar la enseñanza católica actual" (Versión original en inglés: «In 1965, Nostra Aetate rejected such images, declaring that Jews are beloved by an ever-faithful God whose promises are irrevocable [...]. The statue of 'Synagoga and Ecclesia in Our Time' will portray Jews and Christians using the medieval figures in a strikingly different way to express Catholic teaching today»; SJU).
6. Palabras del papa Francisco, publicadas en inglés en abril de 2015: «Dialogue and friendship with the Jewish people are part of the life of Jesus’ disciples. There exists between us a rich complementarity that allows us to read the texts of the Hebrew Scriptures together and to help one another mine the riches of God’s word» (SJU).
7. Catholic Herald: Pope Francis makes Unscheduled Stop at Jesuit University, Fox 29: Pope Francis at St. Joseph's University, Philly.Com: Pope visits St. Joseph's University Sunday afternoon, artículos publicados todos 27 de septiembre de 2015.
8. Carol Kuruvilla, Pope Makes Surprise Stop To Bless Statue Of Catholic-Jewish Unity, The Hufftington Post, 27 de septiembre de 2015.
9. Papa Francisco, citado por Lisa Palmieri-Billig: «A definitive ‘yes’ to the Jewish roots of Christianity and an irrevocable ‘no’ to anti-Semitism… Christians, all Christians, have Jewish roots» (Vatican Insider: Francis, La Stampa, 7 de julio de 2015; consultado 29 de septiembre de 2015).
10. María Ximena Rondón, Nueve detalles inolvidables del paso del Papa Francisco por Filadelfia: la cercanía con los judíos, Aciprensa, 27 de septiembre de 2015 (consultado 29 de septiembre de 2015).
11. AJN, El Papa bendijo una escultura que representa la unidad católico-judía, Valores Religiosos, 29 de septiembre de 2015..



Recursos
Has God Only One Blessing?
Interfaith Dialogue in Our Time
Synagoga and Ecclesia in Our Time
Arte y Diálogo Interreligioso
Ayer y Hoy
Álbum Ecclesia et Synagoga
Wikimedia Pic




Programa Estímulo Vesalius: Anatomía del Arte

25.9.15

Educación: llegar al hueso del asunto

Publicado por Iván A. Briceño Linares en: A puerta cerrada, Bogotá, 25/9/2015



Desarrollado por Mariano Akerman en Río de Janeiro entre 2014 y 2015, el Programa Estímulo Vesalius comprende una serie de 12 conferencias educativas inspiradas por el trabajo de Andrés Vesalio (1514-1564), anatomista bruselense que llevó a cabo la primera disección total del cuerpo humano.

Se trata de un ciclo que responde a necesidades locales pero posee también aspiraciones globales. Padre de la anatomía moderna, Vesalio acabó con no pocos mitos y prejuicios (repetidos hasta el hartazgo en su época), cuando divulgó las conclusiones de las investigaciones empíricas que él mismo realizó y las publicó en su tratado, La fábrica del cuerpo humano (1534).

A través de su conferencia titulada "El hombre en el centro", el historiador del arte y arquitecto argentino Mariano Akerman explora los puentes culturales tendidos gracias a la colaboración entre los europeos del norte y sus vecinos del sur. Inspirado por el comprometido modus operandi del médico belga, Akerman investiga sin concesiones las artes visuales, abordando temas tales como patrimonio e identidad, cultura y propaganda, tragedia y recuerdo, memoria y educación.

En una de sus disertaciones cuestiona la razón de ser que aún sustenta las alegorías de la fe en la cultura occidental, mientras que en otra, dedicada al arte latinoamericano, celebra las configuraciones de lo imaginario y aquellos sueños de pintores capaces de transformar la realidad.

"La estructura es el factor decisivo en las presentaciones de este ciclo donde", según Akerman, "se aspira llegar al hueso del asunto. Es decir, comprender las cosas luego de haberlas estudiado uno mismo y bien a fondo".

El Programa Vesalius se desarrolla en el Centro de Estudios Bíblicos, la Universidad Federal, la Casa de Italia, la Asociación Scholem Aleijem, el Instituto Cervantes, el Consulado Argentino, la Pontificia Universidad Católica y la Residencia de Bélgica, ámbitos sitos todos en la capital cultural brasileña. Con entrada libre, las conferencias en cuestión son iniciativa personal del disertante.


Programa Estímulo Vesalius: Anatomía del arte o la obra de arte como estructura expresiva interdisciplinaria



Vesalio: "Sólo después de una o dos observaciones suelo decir algo con certeza".







Programa Estímulo Vesalius
• Iván A. Briceño Linares, A puerta cerrada, Bogotá, 25/9/2015.




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